"En el primer posconcilio se acuñó la frase de que la Iglesia del futuro sería la Iglesia de los laicos" (Vida Nueva Nº 2.887, pg. 19).
Entiendo por
Iglesia secularizada aquella en la que, en su totalidad, o en su mayor parte, la
Jerarquía es seglar. Aquella que reconoce su incapacidad para explicar y dar razón del Ser de Dios; la que renuncia al poder y al control de las conciencias en su nombre; la que intuye y busca a Dios mimetizado en la Historia, en la vida, en vez de en el Cielo; la que no establece separación entre lo Sagrado y lo Profano, sino aspectos de la misma realidad de la Creación.
Al
HOMBRE ACTUAL y fundamentalmente europeo ( hijo de la Ilustración iniciada en el s.VI que dio origen a la Modernidad a finales del s.XIX y primeros del XX), al que más que
moderno o
posmoderno lo llamaría yo
"transmoderno", la
GLOBALIZACIÓN no le permite ser ni estar de una forma determinada, sino en constante
tránsito impulsado por fenómenos globales como la:
Trans-misión, recepción y emisión de conocimientos y aconteceres a nivel mundial de forma inmediata;
Trans-ferencia, intercambio y aceptación de las diferentes ideas, experiencias, culturas, religiosidades;
Trans-porte de mercancías y personas dotadas de una gran movilidad que modifican costumbres y rompen tabúes haciendo que lo que antes era extraño, exótico, incluso rechazable, sea ahora normal y habitual en la ciudad, en el barrio, o en la propia familia;
Trans-gresión porque lo que ha recibido como normativo ya no lo considera así;
Trans-parencia del mundo, de las instituciones, de la política por un reconocimiento común entre las Religiones de la necesidad de hacer un Mundo mejor, aunque en la práctica se encuentren, aún, diferencias conceptuales importantes;
Trans-formación porque todo ello altera su modo de pensar, de ser, de estar en el Mundo, de la concepción de sí mismo, de las instituciones y también de la religiosidad y de la fe.